EL 25% DE LOS AUTÓNOMOS Y EMPRENDEDORES QUE CESAN EN SU ACTIVIDAD NO REALIZARON UN PLAN DE NEGOCIO

Una de las principales conclusiones que se desprende del estudio de “Causas de éxito-fracaso de la actividad emprendedora en España” realizado por UATAE, en colaboración con el Ministerio de Empleo y Seguridad Social y cuyo avance de resultados lo ha presentado hoy su Secretaria General, Maria José Landaburu, es que una cuarta parte de los autónomos y emprendedores que cesaron en su actividad en la fase de consolidación carecía de un Plan de negocio o empresa que planificara su actividad.

En este sentido, Landaburu ha afirmado que “es condición necesaria, aunque no suficiente, una adecuada planificación de la actividad que se pretende emprender, antes de iniciar la actividad”. Asimismo, insistió en que “no es suficiente con tener una buena idea, es fundamental estudiar como la hacemos viable”, añadiendo además, que “en este punto pueden hacer mucho los poderes públicos fomentando un emprendimiento responsable”. “No es suficiente con fomentar el emprendimiento, es necesario poner los medios y recursos necesarios para acompañar y ayudar a los nuevos emprendedores para hacer su proyecto viable. Esa debería ser una prioridad para el próximo gobierno”, apuntó Landaburu quien reconoció que “la pasada legislatura puso el acento en lograr que aumentara el número de autónomos y emprendedores, ahora toca que esos nuevos emprendedores se consoliden, sean más competitivos y generen empleo”.

Otra conclusión importante del estudio empírico son los considerables desfases, en relación a la planificación de los gastos entre los autónomos y emprendedores que si realizaron un Plan de negocio, en especial, los relacionados con los gastos generales y de administración. Y es que más del 90% de los autónomos participantes en el estudio que cerraron su actividad reconocen que “estos gastos fueron significativamente mayores que los inicialmente planificados”, lo que en todo caso demuestra, y esta es una cuestión central, “la insuficiente capacidad para dimensionar de manera adecuada los gastos generales y de administración de la actividad y por tanto evidencian falta de formación y experiencia en gestión de empresas”.

Esta subestimación de los gastos, es una cuestión en la que es preciso poner especial cuidado, ya que es un rasgo bastante común en los negocios que terminan no prosperando. Para María José Landaburu “es posible que la ilusión, las ganas de salir adelante de una situación concreta, hagan que en nuestra planificación tendamos a sobreestimar las ventas y subestimar los costes al inicio de nuestra actividad, lo que se puede convertir en una combinación negativa que nos lleve a la inviabilidad de nuestra idea, por lo que recomienda contrastar siempre con profesionales expertos en la materia”. Por otra parte, de las respuestas obtenidas, se observa que la mayoría de las iniciativas que no tuvieron éxito fueron desarrolladas en mercados ya existentes o maduros y que las posibilidades de fracaso aumentan en la medida en que no se tenga experiencia previa y conocimiento del sector donde se pretende iniciar la actividad.

Otro aspecto central es el que tiene que ver con la falta de una adecuada estrategia de marketing y distribución. Según Landaburu, “se puede tener un buen producto, pero si no eres capaz de que se conozca y de facilitar un adecuado servicio de distribución es como si no lo tuvieras”. En esta cuestión, -añade- “si atendemos a las respuestas del estudio empírico, sí influye de manera considerable las posibilidades de financiación, ya que muchos de los autónomos y emprendedores que se vieron obligados a cerrar sus negocios reconocen sus límites para poder realizar estudios de mercado y la falta de recursos para realizar actividades promocionales y de venta de su producto o servicio, atendiendo otras cuestiones del día a día que parecen más apremiantes y dejando estas, en un segundo plano, lo que es un considerable error”.

Un factor importante a tener en cuenta es todo lo que tiene que ver con las características del entorno, ya que éste es identificado como el principal factor de fracaso por aquellos que han tenido que abandonar la actividad iniciada. Según Landaburu, “ello no es extraño en el momento de crisis vivido, donde el consumo experimentó un considerable retroceso de manera continuada llevando al cierre a muchos negocios, pero también se ha producido una cierta saturación por falta de planificación previa que ha podido estar también en el origen de numerosos fracasos”.

Landaburu puso como ejemplo lo vivido en el sector del comercio minorista: “Si analizamos este sector, que representa un cuarto del total de las actividades por cuenta propia, observamos que en los peores momentos de la crisis, cuando bajaba el consumo y las ventas y además se producía una distribución del total de las ventas a favor de las grandes superficies y grandes cadenas de distribución, al tiempo aumentaba el número de autónomos que iniciaban una actividad en el sector llevados por la necesidad de iniciar una actividad por cuenta propia que diera salida a la situación de desempleo masivo que se vivía. Era evidente que esta situación no era sostenible ya que menos consumo y por tanto menos ventas y al tiempo más comerciantes para vender tendría como consecuencia la eliminación de actividades, siendo más probable que no se consolidaran las nuevas a no ser que aportarán algo diferenciado que las hiciera más atractivas”.

Además, según el estudio, se precisa un cambio de cultura en nuestro país, tener menos miedo al fracaso, ya que también es preciso entender que el fracaso puede ser una etapa en el camino hacia el éxito. Pero también para ello es necesario mejorar nuestra legislación de manera que se facilite que el fracaso de una actividad no suponga la ruina personal del emprendedor, condicionando toda su vida futura. Ello haría que se tuviera menos miedo al fracaso y por tanto que se pudieran poner en marcha muchas más iniciativas que bien planificadas podrían consolidarse aumentando por tanto nuestra capacidad de generar riqueza y empleo para el conjunto del país. Finalmente, para Landaburu, “emprender, crear tu propia actividad, depender de ti como forma de realizar un trabajo con el que además ganarte la vida puede ser apasionante, pero supone poner en marcha una serie de habilidades y superar dificultades y riesgos que hay que conocer para intentar eliminar, controlar o minimizar. Esta decisión debe ser responsable y saber que para emprender no basta con tener una buena idea, sino que además hay que hacerla viable”.

Para ello, y en función de las conclusiones del estudio, UATAE publicará una Guía con “20 puntos a tener en cuenta antes de emprender”, que tratará de responder y repasar los elementos esenciales a tener en cuenta para convertir una idea en una actividad de éxito.

UATAE integra a más de 300 organizaciones que cuentan con más de 350.000 autónomos asociados.

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